Citas y frases
El viejo trazó un círculo alrededor del sepulcro murmurando conjuros, y una tempestad comenzó a aullar entre las copas de los tilos; los búhos batieron sórdidamente las alas y desgranaron un canto estremecedor. Las sagradas estrellas dejaron de brillar y se ocultaron para contemplar el espanto; la lápida del sepulcro se deslizó con un quejido y abrió paso a la muerta.
―Bebe, tú que duermes, bebe esta sangre caliente, para que el corazón pueda latir de nuevo en tu pecho.
Y después de una breve pausa, derramó sobre ella otra mágica poción y gritó con voz estruendosa: —¡Tu corazón late otra vez, tus ojos se abren otra vez a la luz! ¡Sal entonces de tu tumba! (Dejad a los muertos en paz [1823] | Ernst Raupach).
En el interior había algo que se movía confusamente, algo así como una sombra y un fuego. De manera que Keawe cogió la botella y la estuvo tirando contra el suelo hasta que se cansó; porque rebotaba como una pelota y nada le sucedía.
―Es de cristal ―replicó el hombre, suspirando más hondamente que nunca―, pero de un cristal templado en las llamas del infierno. Un diablo vive en ella y la sombra que vemos moverse es la suya; al menos eso creo yo. Cuando un hombre compra esta botella el diablo se pone a su servicio. (El diablo de la botella [Cuentos de los mares del sur | 1893] | Robert Louis Stevenson).
Al oír el grito del cuervo, el conde se había parado, fijos los ojos, pálidas las mejillas e inclinada la cabeza hacia adelante, como un cazador que oye llegar a un animal. [...]. Acababa el cuervo de lanzar su grito sobre el precipicio cuando el viejo reloj de la sala dio las once. En el mismo instante, el conde gira sobre sus talones, escucha, sus labios se mueven. Extiende las manos, apretadas las mandíbulas, los ojos en blanco. Yo le grito: ¿Qué os sucede? Pero él se echa a reír como un loco, tropieza y cae al suelo. Desde ese día, el diablo vino a vivir entre los muros de Nideck y no parece que quiera salir de ellos. (Hugo el lobo (1859)| Erckmann-Chatrian).
«La desaparición de cada hombre y de cada mujer significa la desaparición de alguna tradición, de algún conocimiento o ritos sagrados que nadie más posee. Por lo tanto, la información que pueda ser recopilada para las generaciones futuras debe recogerse ahora o la oportunidad se perderá para siempre». Edward Sheriff Curtis (1868 – 1952). Fotógrafo y etnógrafo autodidacta estadounidense.
«Un profundo misterio había envuelto aquella monstruosa boda. Durante todo el tiempo, unos oscuros velos se habían agitado en el cielo. La novia alzaba la voz, emitía su más horrible estrépito. Yann, acordándose de Gaud, su mujer de carne y hueso, se había defendido en una lucha de gigante de aquella esposa sepulcral». El pescador de Islandia (1886). Pierre Loti (Louis Marie Julien Viaud [Rochefort, 1850 – Hendaya, 1923]).
Y he aquí que justo al llegar la media noche se oyó el espantoso rumor; alguien invisible se levantó del rincón de la habitación apoyándose en unas muletas, se oyó ruido de paja, y cuando comenzó a andar: tap, tap, se despertó el perro y de pronto se levantó del suelo, enderezando las orejas, y comenzó a ladrar y a gruñir, como si alguien con paso desigual se acercase, y fue retrocediendo hacia la estufa. (La mendiga de Locarno [Diario Berliner Abendblätter,1810] | Heinrich von Kleist | 1777 - 1811).
Entonces, a la hora en que la campana de vísperas de aquel convento tañó con tristeza, entonces, entonces resonó su toque de difuntos. El desventurado Herman sintió frío. Justo en ese momento Gertrudis extrajo de debajo de su manto la luz oculta, cuando, ¡horrible!, vio a la vista la sombra del vampiro. ¡Triste visión! Con horrible ceño, el espectro huyó, gritó en voz alta y luego se desmayó. Y el desventurado Herman en su cama, pálido: ¡Un cuerpo sin vida yacía! (The Vampyre [John Stagg | 1810] | Printed by Hamblinand Seyfang, Queen Street, Cheapside).
―¡Has pronunciado las palabras de la muerte, David! ―dijo el carretero—. Ven. Para nosotros es hora de partir. El alma liberada no debe encontrar aún a los que sufren en la esclavitud de las tinieblas. (El carretero de la muerte [1912 | Estocolmo | Editorial Albert Bonniers Förlag] | Un libro basado en una antigua leyenda sueca. (Escrito por Selma Lagerlöf |1858 - 1940).
«Más allá de este lugar de ira y llantos acecha la oscuridad con su horror. Y sin embargo la amenaza de los años me halla, y me hallará sin temor. No importa cuán estrecho haya sido el camino, ni cuantos castigos lleve a mi espalda: soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma». (Invictus | 1875). William Ernest Henley [1849-1903]).
Diego de Torres Villaroel
¡Feliz día!
«Culpable de distinguir lo que no comprendimos fue la distancia que nos separa»











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