El castillo de Gripsholm
«Mariefried era una localidad pequeñísima a orillas del lago Mälar, un paisaje natural, tranquilo y apacible, con árboles y prados, campos y bosques, pero nadie habría tomado nota de este lugar si no estuviera ubicado en él uno de los castillos más antiguos de Suecia: el castillo de Gripsholm». El castillo de Gripsholm | Kurt Tucholsky.
Antecedentes
El castillo de Gripsholm, que desde el principio resulta interesante, comienza con una cita de Theodor Storm: «También sabemos atronar los campos con fanfarrias y bullicio colosal; pero en los claros días de mayo, cuando brotan las prímulas y trinan los tordos, preferimos el solemne caminar meditando callados a la vera del arroyo».
Continua con una serie de cartas que intercambiaron, entre el 8 y el 15 de junio de 1930 (1929¿?), el editor, Ernst Rowohlt, y el autor, Kurt Tucholsky, en las que el primero pidió al segundo que escribiera algo fuera de lo establecido en sus contextos políticos habituales, a ser posible de tonos románticos y amorosos, que acabó del siguiente modo:
«Querido jefe Rowohlt: Con el 14% de ejemplares exentos de honorarios estoy seguro de que no se me va a ocurrir ninguna historia. No me pondré a escribir si no es del 12% para abajo... Le saludo cordialmente agitando mi sombrero en señal de despedida. Retomaremos esta conversación después de mis vacaciones. No se olvide del 12%. Con todos mis respetos, su fiel Tucholsky».
El castillo de Gripsholm
Esta es una historia de amor cómplice, que cuenta los sucesos vividos por una pareja alemana durante unas vacaciones en Suecia, en los días que estuvieron alojados en el castillo de Gripsholm. Rodeados de un ambiente tranquilo y agradable, ambos personajes nos trasladarán, por momentos, a la época medieval, donde las mazmorras, los pasadizos secretos y las escaleras oscuras y siniestras nos acompañarán durante una parte del trayecto.
A mitad de camino
Entre paseos, paisajes idílicos y auroras boreales sus vacaciones darán un giro inesperado al cruzarse en su camino una de las niñas del internado de Läggesta, a la que llaman «la niña», y que les pedirá ayuda para escapar del infierno al que la tienen sometida. Poco a poco irán descubriendo que el lugar, en el que se alojan otras niñas alemanas, suecas y danesas, está dirigido por una mujer, la Adriani, que somete a las niñas a una disciplina aterradora.
«La darictora del internado es mala gente. La darictora pega a las niñas. Miedosas por ella. No es uno buena señora mujer esa de allí, pero no quiero decir nada malo. Comprendan ustedes. Señora alemana, pero no es uno bueno señora. Casa de locos mejor sitio que darictora». (El castillo de Gripsholm | 1931 | Kurt Tucholsky).
Última parte
La decisión de abordar la situación para intentar ayudar a la niña se verá entremezclada con la aparición de tres nuevos personajes: Karlchen y Jacopp, dos pintorescos amigos de la pareja, y Billie. Y así, entre descripciones exuberantes y bellos paisajes, el autor nos va rodeando con el cinismo con el que describe a la sociedad de su tiempo, desarraigando las formas y los modos y rematándolos, en ocasiones, con implicaciones eróticas y sexuales.
Kurt Tucholsky nos lleva a través de sus deseos, de sus palabras más personales, de su auténtico yo que clama por salir a la superficie tras un grito imperceptible. Dolor, emoción y placer, romanticismo e intriga metidos en un gran circo de arena representado por gladiadores, a los que acompañan una amarga crítica hacia la barbarie que reflejaba la Alemania de entonces, y un final, el de la niña, que no saben si podrán resolver.
Sobre Kurt Tucholsky
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| Kurt Tucholsky |
Kurt Tucholsky (Berlín, 1890 – Suecia, 1935) fue un periodista y escritor de ascendencia judía, y un destacado intelectual de la antigüa república de Weimar. Autor satírico, en especial de ensayos políticos, dejó plasmadas en sus historias algunas de las críticas más polémicas y demoledoras que se hayan escrito en contra del nazismo.
Tucholsky se convirtió en el (casi) primer ciudadano alemán en ser vilipendiado, humillado y despojado de todos sus derechos. Eso ocurrió en 1933. Afortunadamente pudo huir y exiliarse en Suecia antes de ser detenido. Destruyeron su documento de identidad y se le prohibió la entrada en Alemania, vivo o muerto. Su nacionalidad por derecho de nacimiento le fue arrebatada.
Sus libros fueron quemados públicamente en la infame acción contra el espíritu antialemán, que tuvo lugar en la plaza de la Ópera de Berlín, al grito de Goebbels: «¡Contra la frivolidad y la insolencia! ¡Por el respeto y la veneración al inmortal espíritu del pueblo alemán! ¡Devorad, llamas, los libros de Kurt Tucholsky!»
Podéis encontrar más información en el artículo que publiqué en Cultugrafía el 19 de septiembre de 2023: Kurt Tucholsky y El castillo de Gripsholm. Una batalla perdida.
¡Feliz día!



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